Me acerco al alfa de la manada Bosque Oscuro, con la confianza y la autoridad de mi hermano gemelo Morax. Mi mirada es fría y desafiante, y mi voz es baja y amenazante.
—Thrain, entregame a la prisionera —le digo, sin preámbulos ni cortesías.
El alfa, Thrain, me mira con una expresión pensativa, y luego me responde:
—Morax, primero debemos hablar. Hay cosas que debemos discutir antes de que te entregue a la prisionera.
Me encojo de hombros, impaciente.
—¿Sobre qué? —le pregunto, mi voz ligerame