Estoy sentada en la cama, mirando la puerta con desconfianza, cuando Lyrarea entra en la habitación. Su actitud es sospechosa, y me pregunto qué es lo que quiere.
—¿Qué haces aquí? —le pregunto, intentando mantener la calma.
—Quiero ayudarte —responde ella, su voz suave.
Me río, incrédula.
—La única forma de ayudarme es si me ayudas a escapar —le digo, mirándola fijamente.
Lyrarea se pone nerviosa, y mira hacia la puerta como si temiera que alguien la estuviera escuchando.
—Me da miedo... mi pa