SEBASTEN
El silencio que cae dentro de la camioneta es tan pesado que parece aplastar el motor. Las gemelas dejan de moverse de inmediato. Mi padre gira la cabeza lentamente hacia mí, con una rigidez de piedra en el cuello. La sonrisa de mi madre se congela y sus ojos grises se vuelven dos rendijas de hielo.
—¿Una humana? —repite Lenora, y su voz baja a un susurro cargado de veneno—. ¿Me estás diciendo que el Alfa de la dinastía Thorner, el que gobierna este territorio, va a mezclar nuestra san