AURORA
Apenas termino de pasar el último bocado cuando el sonido de unas botas pesadas retumba en el pasillo. Sebasten entra a la cocina con el cabello húmedo y vistiendo ropa oscura de corte militar. Su sola presencia llena el espacio, trayendo consigo ese olor a bosque que ahora reconozco perfectamente. Me recorre el cuerpo con una mirada ruda y se detiene en mi plato vacío, asintiendo con aprobación hacia Gabriela.
—Es hora, Aurora —me suelta sin rodeos, tomándome del brazo con firmeza—. Pon