SEBASTEN
Mi lobo me lo ruge en la cabeza con una fijeza brutal: Se acabó el juego. Le va a tocar saber la verdad a las malas, pero tiene que saberla ya.
—Tienes razón, Aurora. No es normal —le digo, dando un paso firme hacia ella, cerrando la distancia hasta que puedo sentir el calor que emana de su piel—. No hay ninguna enfermedad, ni es un error de cálculo de tus semanas de embarazo. Tu cuerpo cambia así porque lo que llevas ahí dentro no es completamente humano. Y el hombre que tienes enfren