SEBASTEN
Entro a mi oficina y azoto la puerta de madera, dejando que el eco retumbe en las paredes. La pantalla de la línea segura ya parpadea en rojo sobre mi escritorio con el sello del Consejo de Alfas. Me aflojo el nudo de la corbata con un tirón brusco, obligándome a respirar para que la vibración de mi lobo no me delate ante esos malditos viejos.
Presiono el botón. La videollamada se conecta y la cara del Anciano principal aparece en el monitor. Tiene la misma expresión rígida de siempre.