AURORA.
—¿Estás embarazada de Sebasten? ¿Tú, una humana? —suelta Fayir, dando un paso más, con los ojos verdes clavados en mi vientre con una intensidad que me hiela la sangre. Su tono es de pura incredulidad y asombro, como si estuviera contemplando una anomalía imposible.
El pánico me atenaza los músculos. Mi instinto científico se apaga, reemplazado por una alarma biológica que me grita que estoy en peligro. Gabriela, al notar mi palidez, da un paso firme hacia adelante, colocándose por comp