AURORA.
Entro a mi habitación a toda prisa. Agarro mi bolso, meto mi identificación y lo estrictamente necesario sin perder un solo segundo. El corazón me golpea las costillas con una fuerza salvaje.
Regreso al cuarto de Sebasten pisando las sábanas con sigilo. Él sigue completamente noqueado en la cama, inmóvil. Me acerco despacio, conteniendo la respiración, y deslizo los dedos en el bolsillo de su pantalón de traje. Siento el metal frío. Saco las llaves del auto con cuidado de que no tintine