AURORA
—Sé que mi papel aquí es el de la empleada de la casa —comienza Gabriella con humildad pero con una sonrisa honesta—, pero desde el primer día en que Aurora pisó este lugar, se portó conmigo con una amabilidad y un respeto que pocos muestran. Para mí no ha sido solo cuidar la casa, sino acompañarte en este proceso. Te mereces toda la felicidad del mundo, Aurora. Y sé que el señor Sebasten va a dar la vida por ti y por el bebé.
—Gracias, Gabriella —le digo con sinceridad—. Eres mi amiga,