SEBASTEN
—Camina.
Lo levanto de un tirón y lo empujo por las escaleras hacia el piso inferior, entregándoselo a dos de mis hombres de confianza que ya esperaban en el pasillo de servicio.
—Llévenselo a un piso seguro. Que no se comunique con nadie.
Me tomo cinco segundos para arreglarme el saco del traje, sacudirme el polvo de las manos y bajar las revoluciones de mi cabeza. Tengo que regresar al salón privado. Mis consuegros acaban de presenciar cómo un empleado armado irrumpió en una cena fam