La luz del sol entró por los grandes ventanales del ático con una fuerza que me pareció casi agresiva. Después de la reunión con el Consejo de las Sombras, mis ojos se sentían como si tuvieran arena por dentro. No había dormido nada, ni siquiera lo intenté. Me quedé sentado en el borde de la cama, mirando mis pies descalzos sobre la alfombra de seda, pensando en lo que acababa de hacer. Había desafiado a las personas más poderosas de la ciudad en su propia guarida. Les había dicho que sus secre