Julián bajó del avión con Thomas en brazos. Verlo así, con su traje oscuro y el bebé envuelto en una manta azul, me daba una paz que nunca creí tener. Habíamos dejado atrás los secretos de mis padres en una caja fuerte. Ahora nos tocaba a nosotros construir algo que no estuviera manchado de sangre.
Al llegar al ático, el aire se sentía distinto. Ya no olía a la presencia pesada de mi padre. Habíamos mandado a cambiar los muebles y las alfombras. Quería que mi hijo creciera en un lugar que olier