81. UNA NOCHE DE AMOR
ALAYA:
Me sentía inquieta, busqué con los ojos cerrados a Reynolds pero la cama a mi lado estaba vacía. Me senté de un golpe. ¿A dónde habría ido? Tomé mi teléfono para ver la hora: las tres de la mañana. Escuché unos aullidos a lo lejos, eran lobos. Me abracé a la almohada mientras marcaba su número. No sabía cómo explicarlo, pero sentía que miles de ojos me observaban. Aunque encendí la lámpara a mi lado, no veía a nadie, pero la sensación era latente.
—Vamos, Reynolds, contesta —susurré, sin