REYNOLDS:
Nunca había habido tanto ruido en mi jet privado. Miraba a Alaya avergonzada a mi lado mientras bajaba la cabeza. Eran demasiado ruidosos. Tuve que controlar muchas veces a mi lobo Ragnar para que no gruñera como hace con los cachorros para silenciarlos. Y por primera vez escuché a Alaya hablarle.
—Disculpa Ragnar —susurró mientras se inclinaba sobre mí intentando sentarse en el asiento interior—. Ten paciencia.
Me quedé paralizado por un momento. ¿Le había hablado directamente a mi l