48. LA VISITA AL LABORATORIO
ALAYA:
El camino hasta su coche fue el más largo de mi vida. Reynolds no me soltó la mano en ningún momento, y yo no la aparté, aunque una parte de mí quería hacerlo solo para demostrar que podía. Simón caminaba unos pasos detrás de nosotros, en silencio, con esa quietud de quien sabe exactamente cuándo no debe hablar. Parecía una sombra de su jefe.
Afuera, el aire frío golpeó mis mejillas encendidas. El sol teñía el cielo de naranja que lo hacía parecer un incendio contenido. Noté que los gua