42. EL PELIGRO
ALAYA:
Mi primera reacción al escuchar su pregunta fue sentir que el corazón me latía con rapidez. Su furia no era una simple expresión de enojo humano; era salvaje, instintiva, voraz y primitiva. Por un segundo, me olvidé de quién era yo, de quién era él, y solo sentí.
—No tuve opción —respondí finalmente, con un hilo de voz que apenas salió de mi garganta—. Tuve miedo.
—¿Miedo? —repitió, observándome fijamente—. ¿Miedo de qué o de quién?
No contesté de inmediato. La dureza que había emp