33. ÉL TAMBIÉN ES UN LOBO
ALAYA:
Reynolds de pronto dio unos pasos hacia la ventana sin contestarme. Tenía sus manos apretadas en puños mientras su pecho subía y bajaba con una respiración agitada. No entendía qué le sucedía, y sin saber porque caminé hacia él. Para mi sorpresa, vi a mi ex Alfredo en la acera frente a la empresa.
—¿Qué hace aquí? —pregunté, haciendo que Reynolds se girara al sentirme detrás de él.
—Te busca. Tienes prohibido volver a ver a ese lobo ratero —dijo de repente, sorprendiéndome. —Te encontr