119. LA REUNIÓN CON LOS ANCIANOS
REYNOLDS:
Apreté la mano de mi Luna, furioso al escuchar los murmullos de todos en la manada. Sabía que era la primera vez que se veían ante esta situación. Había aceptado tácitamente a la humana. No era la primera vez que le sucedía a un licántropo que su pareja destinada fuera una de esa especie que los seres sobrenaturales consideramos los más inferiores.
No me gustaban esos murmullos. Solo faltaban tres días para la ceremonia que me aceptaría como el Alfa y me uniría a ellos para la eternid