113. LA UNIÓN DE LOS PODERES
ALAYA:
Arix intercambió una mirada seria con Reynolds. Era evidente que había más que no había dicho aún. El dolor seguía atenazando mi vientre haciendo que me contrajera sobre mí misma aguantando mientras escuchaba a Cristín asustada a mi lado.
—Respira, Alaya, respira —podía escuchar sus sollozos ahogados. Apreté su mano con fuerza, tratando de tranquilizarla—. De veras, creo que mejor la llevamos al doctor.
Nadie dijo nada, como si mi amiga no existiera y su preocupación lejos de ayudar ent