Alejandro inhaló profundamente el humo del cigarrillo, dejando que el sabor amargo le llenara la boca. Observaba a Sara desde el otro lado de la mesa, la observaba con malicia. Ella estaba sentada frente a una copa de alcohol, con los hombros ligeramente encorvados y los dedos apretando el vaso producto de los nervios. Los últimos días habían sido llenos de tensión desde que Alfa había huido, y con Alejandro todo era inesperado.
Después de casi una hora en silencio, Sara finalmente habló, arrie