MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 43. Una calma dolorosa
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 43. Una calma dolorosa
Seija se fue sin mirar atrás, y la puerta se cerró con un sonido seco que pareció quedarse flotando en el aire durante varios segundos. Camilo permaneció inmóvil en medio del departamento vacío, mirando el espacio donde antes había estado ella, como si todavía pudiera verla allí. Las cajas ya no estaban y el eco del lugar le devolvía cada respiración.
Se dejó caer lentamente en el sofá, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida.