MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 4. Una voz conocida
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 4. Una voz conocida
MÁS DE DOS AÑOS DESPUÉS
Camilo había aprendido a desayunar despacio. No por gusto, sino porque el silencio de la mesa familiar se había vuelto una especie de refugio. Antes hablaba más, se reía más, discutía por cualquier cosa. Ahora era distinto: más taciturno, más medido, con un sarcasmo fino que usaba como armadura. Había madurado, decían algunos. Él sabía que también se había endurecido un poco.
Estaba sentado frente a su plato cuando el teléfo