MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 3. Un presentimiento
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 3. Un presentimiento
Camilo miró el reloj del restaurante por quinta vez en menos de dos minutos. La aguja avanzaba con una crueldad innecesaria. Seija llevaba más de una hora de retraso, y eso no se parecía en nada a ella. No era impuntual, no desaparecía sin avisar y, sobre todo, no dejaba mensajes sin responder.
—Seguro se le hizo tarde —murmuró para sí, aunque la frase sonaba cada vez menos convincente.
El mesero ya había pasado dos veces a preguntar si deseaba al