MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 22. Gente respetable
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 22. Gente respetable
Durante unos segundos nadie dijo nada.
El restaurante de pronto parecía demasiado pequeño para tantas miradas, y quedó suspendido en un silencio espeso, incómodo, casi violento. El aire olía a perfume caro y a tensión mal disimulada. El gerente observaba la escena con expresión rígida, el camarero mantenía la cabeza gacha y los curiosos fingían no escuchar mientras no perdían detalle, atentos a cada gesto, a cada respiración mal colocada.
Seija se