CAPÍTULO 50. De una vez por todas
CAPÍTULO 50. De una vez por todas
Henry salió del restaurante con el estómago revuelto y la cabeza hecha un torbellino. La brisa nocturna le pegó de frente y por un segundo pensó que lo ayudaría a despejarse, pero apenas consiguió sentirse más mareado. Afuera, como no podía ser de otra forma, lo esperaba Camilo, recargado en la puerta de un auto oscuro, con esa sonrisa descarada que parecía no borrarse nunca de su rostro.
—Soy su transporte esta noche, señor conde —se burló, alzando una ceja—.