CAPÍTULO 32. Un boletito al Purgatorio
CAPÍTULO 32. Un boletito al Purgatorio
Rebecca llegó a casa justo cuando el cielo empezaba a teñirse de tonos rosados y anaranjados. La mansión aún estaba en silencio, cubierta por esa calma pesada que solo se siente en la madrugada. Caminó hasta la terraza con paso cansado, se acomodó en una de las sillas y se quedó mirando el horizonte, como si buscara respuestas en el amanecer.
El aire fresco le acariciaba la piel y, mientras respiraba profundo, pensó en Henry. No sabía con exactitud qué le