La tormenta de nieve mágica en la Llanura de Hielo Eterno se congeló repentinamente en el aire, como si el tiempo mismo hubiera retenido la respiración.
Aria Crescent permanecía arrodillada sobre la nieve, ahora manchada por gotas doradas su propia sangre sagrada.
En su mano, una pequeña llave hecha de hueso temblaba lentamente, emitiendo un aura fría sumamente familiar.
Frente a ella se alzaba la figura de una mujer que se suponía que había vuelto a cenizas en los registros históricos del c