El cielo del Norte ya no es gris; ahora es de un verde esmeralda venenoso, una señal de que Malakor ha liberado la Niebla de las Almas a la atmósfera.
Aria Crescent, con su manto ahora raído pero sus ojos brillando con el fuego dorado del sol, lidera a lo que queda de sus tropas mientras suben la empinada ladera de las Montañas Cresta de la Luna.
En su pecho, la Llave de Hueso que contiene el fragmento del alma de Alaric late rítmicamente, como intentando advertirla de algo que se acerca.
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