La Llanura de Hielo Eterno se convirtió en testigo silencioso de una ironía mortal. Por un lado, Aria Crescent permanecía de pie con piel agrietada que irradiaba la luz dorada del sol, símbolo de vida ardiendo.
Por el otro, Alaric Obsidian se alzaba con una túnica blanca impecable que parecía absorber todo el calor a su alrededor.
Sin embargo, el blanco en Alaric no era el de la pureza; era el blanco de huesos secos, el blanco de la muerte purificada de toda emoción.
Sus ojos sin pupilas mira