59. MI NUEVA REALIDAD
CLARIS:
Abro mis ojos y es de noche todavía. Reconozco de inmediato la cama de Kieran, perdón, de mi Alfa. Los ojos dorados de Atka, su lobo, se abren al sentir que me muevo. Al parecer, su humano está dormido.
—Atka, tengo hambre —susurro como si fuera independiente. Me he acostumbrado a tratar con su dualidad. Él se queda mirándome fijamente, como si esperara algo más—. Perdón, Atka, me tengo que acostumbrar. Sí, eres mi Alfa. ¿Me llevas a comer algo?
—Sí, mi Luna, vamos —me responde. Por cóm