60. LAS LOBAS LUNARES
CLARIS:
Me quedé mirando a la que hasta ahora creía que era mi madre, sintiendo cómo el aire abandonaba mis pulmones. Elena permanecía frente a mí con una expresión de culpa y dolor en el rostro, mientras la incredulidad se apoderaba de mi mente al confesarme que era solo eso: una guardiana. Las preguntas se agolpaban en mi cabeza, haciendo que todo diera vueltas. ¿Quiénes son nuestros verdaderos padres y dónde están? Pero lo más importante, ¿quiénes somos en realidad Clara y yo?
—¿No eres nues