46. EL ALFA Y YO
CLARIS:
Desde que nos quedamos en la cueva, mi corazón latía desbocado, temerosa de que le sucediera algo a Kieran. No sabía explicarlo; mi loba se movía inquieta en mi interior y era una sensación a la que no estaba acostumbrada. Mamá también se comportaba de forma extraña; a cada rato me miraba y se inclinaba delante de mí.
—¡Mamá, deja de hacer eso! —la regañé, incómoda. Me miró y se alejó sin decir nada.
Me sentía molesta porque, por mucho que le preguntamos Clara y yo sobre lo que signif