Mundo ficciónIniciar sesiónCLARIS:
El auto devoraba kilómetros del camino mojado. El olor a tierra húmeda se colaba por las ventanillas entreabiertas, mezclándose con el aroma a miedo que emanaba de nuestros cuerpos. La lluvia, que había comenzado como una suave llovizna, ahora golpeaba con fuerza el parabrisas, creando un telón de agua que dificultaba la visión.Mis nudillos estaban blancos de la fuerza con la que aferraba el volante. En el asiento del copilo






