331. CUIDANDO A MI LUNA
CLARIS:
El viento aulló fuera del edificio. Me acerqué más al señor Kieran, sin querer, cuando una ráfaga fría se coló por la ventana entreabierta del auto. Su fuerte aroma me envolvió. No sabía por qué este hombre, que todos me habían pintado como un ser insufrible, me parecía guapo, respetuoso y respetable. Alguien en quien se podía confiar y contar en cualquier momento.
—Señor... —susurré, mirando hacia la vegetación que pasaba por nuestro lado a toda velocidad—. Esos lobos que mencionó... ¿