329. SALTANDO EN EL TIEMPO
KIERAN:
Me quedé observando a mi Beta, quien tocaba su cuerpo con incredulidad. Era lo mismo que había sucedido conmigo y sospechaba que se trataba de su pequeña hija no nacida, que había viajado como los míos en energía al pasado con nosotros. Pero eso era algo que no debía suceder. Por lo tanto, les ordené a Elena y a las niñas que no salieran del cuarto, mientras me llevaba a mi Beta al despacho.
Busqué el libro de las memorias de mis padres, el cual se abrió en una página específica. Sin p