321. UNA EXTRAÑA FAMILIA

ELENA:

Miraba a todos comer con un apetito que me asombraba. La señora Elmira, a quien había conocido la noche anterior y que todos decían que era la nana, no dejaba de echar carne en la bandeja, y los tres hombres no paraban de devorarla sin descanso. Ella, al verme, puso otros platos con cosas para los demás y para las niñas. Las otras chicas no hablaban mucho, y podía ver que, como yo, estaban asombradas de ver cómo comían, aun

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