237. UNA POSILIDAD
KIERAN:
Mis pensamientos se arremolinaban como un torbellino mientras trataba de asimilar su presencia. Claris, después de tanto tiempo, estaba allí, tan real como siempre. El aire parecía cargado de electricidad que solo nosotros podíamos sentir, o eso creía. Los murmullos de la sala se desvanecieron en un eco distante, dejando solo el latido creciente de mi propio corazón resonando contra las paredes.
Me levanté de un salto y casi corrí hacia ella, quien se puso de pie mirándome sorprendida