136. ERES MÍA, SOLAMENTE MÍA

KIERAN:

Me miraba desafiante, con los labios ensangrentados y apretados, gritando que no quería ceder, pero sentí el ligero temblor de su cuerpo cediendo, traicionándola. Ella jadeó cuando bajé mis labios a su cuello, besando la piel suave donde mi marca aún palpitaba con un brillo tenue, llamando a ser renovada.  

—Puedes odiarme si necesitas hacerlo —susurré entre dientes mientras lamía la curva de su cuell
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