No atendí la llamada de Don Salvador esa tarde. Le pedí a Rosa que le agradeciera la preocupación y le informara, con toda la cortesía posible, que cualquier comunicación relacionada con Emilio debía canalizarse a través de Fernanda, tal como habíamos dejado establecido desde hacía dos años.
Nicolás, cuando le conté, no se alteró. Solo asintió despacio, con esa calma suya que después de tantos meses juntos ya sabía distinguir de la indiferencia.
—Bien —dijo—. Entonces vamos a estar preparados,