Dos años pueden ser una eternidad o apenas un parpadeo, dependiendo de cuánto se decida vivir dentro de ellos. Yo decidí vivir cada uno.
El desmontaje silencioso que hicimos esa semana funcionó exactamente como yo había calculado. Emilio no volvió a acercarse, ni a mandar hombres a merodear cerca de ningún estudio jurídico, ni a insistir con ningún canal formal entre familias. No porque se hubiera dado por vencido —de eso, Fernanda seguía trayéndome noticias esporádicas cada tanto, indicios de