Durante las semanas que siguieron a la tarde en que Lucía volvió de la plaza hablando de un "señor con cara de triste", viví con la sensación constante de estar corriendo una carrera cuyo final no podía calcular. Bautista reforzó cada protocolo que se le ocurrió. Nicolás movió cada contacto que todavía le quedaba disponible. Y aun así, semana tras semana, seguían llegando señales pequeñas de que Emilio no se había rendido: un abogado que hacía preguntas raras sobre la titularidad de una de nues