León sintió cómo Nuria se le escurría de las manos, se había puesto pálida de golpe, como si alguien hubiera apagado la luz dentro de ella.
—Voy a llamar a un médico —dijo él, buscando el teléfono en la mesita a tientas.
—No. —Nuria le agarró la muñeca, tenía la piel fría—. No quiero más gente aquí,