Mi respiración se aceleró e intenté dejarme llevar, intenté forzar a mi sangre a hervir por él, a desearlo con la misma locura que él me demostró, pero cuando su mano rozó el borde de mi sostén, el pánico me golpeó de frente. Una alarma silenciosa sonó en mi cabeza, se sintió mal, se sentía vacío.
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