—Tengo seguridad en tu casa —corrigió Konstantin—. Nuria no va a ir a un hospital público donde cualquier enemigo pueda ponerle una bomba, el hospital viene a ella.
—¡Es mi mujer! ¡Yo decido!
—Y es mi hija —cortó Konstantin—. Y esta vez no voy a dejar que le pase nada, así que guárdate el ego de mac