La faja me cortaba la respiración, clavándose en mis costillas como un corsé medieval, pero sonreí, era mi cumpleaños, y en el mundo de los Armand, la sonrisa era parte del uniforme.Estás encorvada, Nuria —susurró Gael a mi oído, su mano apretando mi cintura con una fuerza que no era cariño, sino a
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