Quince años pasaron como un suspiro, pero La Fortaleza se encargó de guardar cada recuerdo en sus paredes. La casa que alguna vez fue un búnker silencioso y frío, ahora era un campo de batalla lleno de vida, gritos y puertas azotándose.
—¡Dámelo, Mateo! ¡Es mío! —el grito agudo de Diego retumbó desd