Capítulo 112
El sábado amaneció distinto. No hubo alarmas, ni pasos apresurados en el pasillo, ni el ruido de la radio de los escoltas en el jardín. Solo el sonido de los pájaros y el olor a mantequilla derretida.

Nuria estaba sentada en uno de los taburetes altos de la isla de la cocina. Llevaba una bata de al
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