Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio en la sala no era normal.
León Armand seguía de pie aferrado al borde de la mesa de caoba, con los nudillos blancos por la presión, sus ojos grises normalmente fríos y calculadores, estaban abiertos de par en par, clavados en la mujer que acababa de sentarse frente a él con una calma insultante.
No podía dejar de mirarla, esa boca, esa línea de la mandíbula y esos ojos.
Sí, el cabello era negro y g







