Esos días estuvo demasiado atareada y con constantes mareos. Apenas se daba tiempo a comer, sin dejar de mencionar que su apetito era prácticamente nulo. Respiró profundo, observó el cielo estrellado y la luna llena que iluminaba sin inconvenientes aquel hermoso jardín. Por un momento, había estado feliz porque creyó que al fin todo lo malo acabaría y podría iniciar una nueva vida. Resopló, recordando que estaba irremediablemente enamorada de aquel hombre que llegó a su vida como un rayo de sol