Elena no volvió al dormitorio de inmediato.
Se quedó en el estudio.
De pie.
Con las fotografías apretadas contra el pecho y las palabras de Daniel latiéndole en la cabeza como un veneno lento.
Compórtate como una madre.
Como si él pudiera enseñarle eso.
Como si ella fuera la amenaza.
Como si el desastre no hubiera empezado en su cama, en su coche, en su silencio, sino en la reacción de Elena al descubrirlo.
Tardó casi veinte minutos en subir.
Lo hizo cuando el temblor en las manos se volvió rab